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6 sentidos

Actualizado: 16 may 2020

Seguí estos pasos y continuá desarrollando todos tus sentidos para escuchar y estar presente.

¿Y si lo hacés antes de tu próxima sesión?




1. Sentate en cualquier posición que te resulte cómoda y cerrá los ojos.


2. Comenzá por centrar suavemente tu atención en el proceso de respiración. Disfrutá de tres respiraciones plenas, lentas y profundas, advirtiendo el movimiento de tu torso y el sonido de tu respiración. Entonces dejá que tu respiración se asiente en un ritmo natural


3. Llevá tu atención a todo lo que oigas. Advertí los sonidos que te rodean. Primero, tomá nota de los sonidos más fuertes o más prominentes que podés detectar. Luego, comenzá a observar todos los sonidos más sosegados de tu entorno inmediato, tal vez incluso los sonidos que produce tu propio cuerpo. Advertilos con una actitud de apertura y curiosidad libre de juicio.


4. Ahora trasladá tu atención y centrá toda tu conciencia en lo que podés oler. Puede que no huelas nada: recordá “la no experiencia” sigue siendo una experiencia. Explorá tu sentido del olfato, pero hacelo sin análisis. Simplemente quedate totalmente abierto al puro descubrimiento sensorial. Aquí no hay ninguna cosa “buena” o “mala”.


5. Mové tu atención y centrala en la conciencia de todo lo que podés saborear. ¿Tu propio aliento, tal vez? ¿El residuo de goma de mascar que tiraste justo antes de empezar tu práctica? ¿El gusto ácido o alcalino de tu propia saliva? Simplemente advertilo, sin analizarlo.


6. Ahora trasladá tu atención y centrá toda tu conciencia en todo lo que podés sentir con la piel. Tal vez sintás la calidez del sol, un estremecimiento o la manera en que la etiqueta de tu camisa te hace cosquillas en el cuello. Hazlo con una actitud de bienvenida y de apertura y curiosidad que no juzgue.


7. Ahora, mantené los ojos cerrados y poné atención y centrá toda tu conciencia en lo que ves detrás de tus párpados. Mantenete abierto a lo que experimentás, puntos de luz, estadillos u oleadas de color o pura oscuridad.


8. Llevá tu atención hacia tu mente, hacia tu sexto sentido, es decir la metacognición o la conciencia de tu propio pensamiento. En el ojo de tu mente, abrí la parte trasera de tus ojos y tus oídos interiores imaginándolos. Mirá cómo ellos también se vuelven hacia adentro con deliberación y conciencia. Observá la materia mental que surge y pasa.


9. Convertite en un observador de pensamientos. Pueden pasar rápidamente, como un río rápido y poderoso, o pueden fluir como un suave arroyo. Tal vez haya espacio entre los pensamientos, o tal vez haya un trasfondo quieto y silencioso detrás de ellos. Simplemente observá tu propia mente. Tu propia experiencia, sea como sea, es perfectamente válida.


10. Ahora hacete consciente del yo que está observando tu mente. Hacete consciente de la propia conciencia. Sé consciente del sentido de conciencia desde el cual has observado tu propia mente. Con curiosidad, advertí la corriente subyacente de conciencia. Sé consciente de su propia presencia.


11. Dejá que tu conciencia abarque todos tus sentidos a la vez: sonidos, olores, gustos, texturas, visiones y la propia mente, la propia conciencia. No te preocupés si esto no dura mucho tiempo. Es completamente normal tener la sensación del “conjunto” de estas experiencias y que al instante se desmoronen. Simplemente seguí abriéndote a experimentar todos tus sentidos conjuntamente, una y otra vez. Permití que las experiencias de la vida sigan desplegándose en primer plano mientras mantenés la sensación de quietud interior alerta en el trasfondo.


12. ¿Podés sentir cómo las experiencias de este mundo siguen jugando a través de vos, sin que en ningún sentido capturen o confíen la amplitud inherente a tu conciencia? Sos el cielo con los pájaros que lo surcan volando, estás totalmente despierto, totalmente abierto. Sos la misma conciencia. Percibí esta conciencia.


13. Al final de tu práctica, tomate unos momentos para expandir tu conciencia desde tu respiración al lugar en el que te encontrás. Hacete consciente de los sonidos y aromas que te rodean, hacete consciente de tu cuerpo. Mové con suavidad los dedos de tus manos y pies. Cuando estés listo, abrí los ojos.


Fuente: "Meditación para todos" de Paula Watkins

 
 
 

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